jueves, 4 de septiembre de 2014

El papel de la cultura y la literatura en la educación: del siglo XIX al siglo XXI

El papel de la cultura y la literatura en la educación: del siglo XIX al siglo XXI

Alicia Mella

Las producciones de la cultura históricamente han servido como dispositivos o herramientas que admiten ser seleccionados para transmitir idearios políticos, tanto en el ámbito educativo como fuera de él. En Argentina este hecho cobra una dimensión mucho más significativa a fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando se abre una época de fuerte formación de identidad nacional.
El contexto social es el de un país que se inscribe en una política de “orden y progreso”, y con la filosofía del positivismo en boga. Argentina es un país que les abre las puertas a los inmigrantes y crece demográficamente. Se basa en el modelo agroexportador que le permite crecer económicamente. No hay que dejar de mencionar que este “orden y progreso” se debe en gran medida a las políticas de Sarmiento (pensando en la dicotomía que él planteó de “civilización o barbarie” en su Facundo) que pensaba en una Argentina civilizada, urbana y con una educación estandarizada; y Roca, que se encargó de “llevar el progreso al desierto”, con la Conquista del Desierto, entre 1878 y 1885, a fuerza de armas para poner en pie colonias que más adelante se convertirían en las actuales ciudades patagónicas. El progreso, entendido así, llegaría sólo al exterminar a la barbarie, al Otro, al diferente, al que no está civilizado. De esta manera, en nombre del progreso, se produjo el genocidio de miles de personas del pueblo mapuche. En el plano simbólico también había que eliminar al Otro: al inmigrante. Había que borrar las diferencias. Es por eso que imperaba la necesidad de forjar una identidad nacional, y la escuela se encargaría de cumplir ese rol, junto a intelectuales y productores de cultura que se alineaban políticamente. No obstante, al margen de ese proyecto de país, habían otras experiencias educativas y de identidades contra-hegemónicas, como las escuelas anarquistas o pertenecientes a comunidades de inmigrantes.


                                                       “Sin pan y sin trabajo” (1892/1893), de Ernesto de la Cárcova


El caso De paseo en Buenos Aires, de López de Gomara

No es casual que la obra de López de Gomara, De paseo en Buenos Aires, viera la luz en 1889, y fuera estrenada en 1890. En esta obra teatral se percibe un gran optimismo por parte de los personajes, que ensalzan los valores del trabajo, el progreso y el patriotismo. Sin embargo, hay que considerar el hecho de que Argentina en estos años atravesaba una gran crisis económica, debido a deudas externas impagas, fuertes aumentos de los precios por parte de los comerciantes, desocupación, huelgas, etc. Miguel Juárez Celman era el entonces presidente, cuñado de Julio Roca, y pesaban sobre él numerosas denuncias de corrupción y autoritarismo. Su gobierno terminó tras renunciar a su mandato luego de la insurrección cívico-militar del 26 de julio de 1890 congeniada por la Unión Cívica. La Unión Cívica se formó el día 13 de abril con amplios sectores opositores al gobierno, y la obra De paseo en Buenos Aires se estrenó el 28 de abril, ¿simple casualidad? Tal vez, pero sin duda esta obra le dio un poco de aire al gobierno en crisis, sobre todo si tenemos en cuenta que según El Diario fue un éxito rotundo, ya que tres días antes de su estreno las localidades ya se habían agotado.
Según López de Gomara, su pretensión era mostrar la realidad en  cuadros y costumbres de la vida diaria de los tipos argentinos. El eje principal de De paseo en Buenos Aires se centra en las andanzas del personaje principal, el Conde del Tupe, que pasa de ser un embustero (engaña a todos con una onza de oro, para no pagar nada) a ser un hombre honrado y trabajador que se ha regenerado gracias a la ayuda de Don País que le ayuda a conseguir trabajo. Don País y otros personajes como La República Argentina, La Ganadería, La Agricultura y la Viticultura, entre otros, son representaciones alegóricas que presentan a Argentina como un país que progresa y crece. La política se mete así de lleno en el teatro. Esta no es la única obra de López de Gomara que produce en la misma línea; además escribió Gauchos y gringos, Amor y Patria, pero también Valor Cívico que escribió luego del levantamiento de 1890, entre otras.

El trabajo, el progreso y el patriotismo como lineamientos políticos para la formación de la ciudadanía
Partiendo de mis lecturas, puedo arrojar la hipótesis de que el trabajo, el progreso y el patriotismo son tres grandes lineamientos que atraviesan toda la obra de De paseo en Buenos Aires. La cuestión del trabajo aparece en torno al Conde, que siempre ha sido un embustero al que no le gusta trabajar. Entonces aparece el personaje de Don País, que en sus diálogos expresa el valor del trabajo, que se relaciona también con la honradez:
No rebaja la labor,
por el contrario, enaltece. (Gomara, [1889], 2009: 267)
Más adelante dice:
Dejémonos de ilusiones.
No hay ya nobleza en la cuna,
en el nombre, en la fortuna,
sino en las buenas acciones.
Así este país lo entiende
y vive rico y contento. (Gomara, [1889], 2009: 268)
Luego afirma:
Con quien persevera
con fe y honradez
la tierra argentina
nunca ingrata fue.(Gomara, [1889], 2009: 269)

Entre usted en esta tienda.
El país le paga un traje;
pero para que trabaje,
y humilde para que aprenda. (Gomara, [1889], 2009:283).

Aprendiendo para siempre
que aquí no medra la farsa
y solo prospera quien
honradamente trabaja. (Gomara, [1889], 2009: 299)

El Conde se muestra arrepentido de su antigua vida y reconoce que:
 ¡Dos pesos! Que placer dan
logrados honradamente.
¡Qué hermoso es ganarse el pan
con el sudor de la frente! (Gomara, [1889], 2009: 286).

Además al finalizar el autor incluye un gran telón con la palabra TRABAJO, para reforzar más aún la importancia de este lineamiento.
Por otro lado, el discurso sobre el progreso de la Argentina se encuentra en boca, no solo de Don País, sino también de otros personajes menores como los “frutos del país” y las industrias argentinas: la ganadería y la agricultura en primer lugar, por el modelo agroexportador de la época; la viticultura, el cigarrillo, la pasa, la cerveza, el fósforo, el papel, la cristalería, la repostería, la fábrica de paños, el azúcar, etc. El autor de la obra hace desfilar a estos personajes que estarían mostrando lo que supuestamente sería lo mejor que posee nuestro país. No escatima esfuerzos en nombrar incluso marcas reconocidas hasta el día de hoy, como Bagley, o Estrada. Es paradigmática la inclusión de Estrada, teniendo en cuenta el posicionamiento, liberal económicamente y clerical, que históricamente ha tenido esta editorial hasta nuestros días, y que ha contribuido también en la formación de ciudadanía.
Por último me refiero a patriotismo como lineamiento político presente en la obra, aunque no se encuentre explicitado, ya que casi todo el tiempo se hace una exaltación por todo lo referido a lo nacional. Quizá donde mejor se demuestra esta exaltación es en el discurso que da la mismísima República Argentina (Gomara, [1889], 2009: 299), que entra tras los acordes del Himno Nacional. También el final con el baile de las provincias y sus escudos, en un pabellón celeste y blanco, refuerza la idea de patriotismo e identidad nacional. 
Venid hermanos leales
Los inmigrantes, que son parte de la escena nacional, tras las grandes oleadas inmigratorias de la época, también aparecen reflejados en la obra De paseo en Buenos Aires. Aparece: un cantante italiano y uno francés, una cantante francesa, un gallego, inmigrantes y colonias extranjeras. Es interesante notar que a escena entran, en la escena XIII, todas las colectividades extranjeras, pero solo toma la voz un gallego, que en su discurso se muestra agradecido con la República Argentina, y señala que “queremos todos tu bien” (Gomara, [1889], 2009: 302). Luego el personaje de la República Argentina afirma:
Venid hermanos leales,
para mí no hay extranjeros.
¡Son de mi ley en los fueros
todos los hombres iguales! (Gomara, [1889], 2009: 303).
No obstante, no todos los hombres en Argentina eran ni son iguales. En general la imagen del inmigrante que se construye es la de uno conforme, contento, que ama a Argentina y ayudará a construir este país a base de esfuerzo. Lo que no se muestra es la gran cantidad de inmigrantes desocupados, y el clima de crisis y disconformidad que había por entonces, en donde las grandes huelgas y movilizaciones la mayoría de las veces eran impulsadas por inmigrantes, que traían de Europa las ideas anarquistas y socialistas que tuvieron su auge hasta la década del 10. El desorden no entra a escena. Pareciera que todo debe ser orden y progreso, y terminar con un gran baile.

¿Las mujeres argentinas…ángeles del cielo son?
Al principio de la obra podemos encontrar una escena donde un yerno pelea con su suegra, y le dice a un oficial que “saliendo la reviento y lo poco que me queda me lo gasto en el entierro” (Gomara, [1889], 2009:217). En tono cómico se avala la violencia hacia las mujeres. Más adelante hay una escena de una negra y un negro, donde la negra tiene un hijo blanco, es decir que se representa a la mujer como infiel y engañadora. En la escena XIV, un coro de corredores de bolsa dice jocosamente que “Y quien a su suegra quiere hipotecar yo creo podérsela también colocar.” Es decir que se construye una imagen negativa sobre la mujer, con posicionamientos machistas. Luego, en boca de Don País, se da una concepción de la mujer argentina como virtuosa, pero no deja de ser parte del imaginario nacionalista que plantea que “tenemos las mujeres más lindas del mundo”:
Desilusiones,
porque aquí no se usa el dote.
Las mujeres argentinas
con su robusta salud,
su hermosura, su virtud,
y sus facciones divinas
tienen bastante tesoro
para hacerse idolatrar
y no necesitan dar,
para que las quieran, oro.
Ángeles del cielo son,
llenas de dulces encantos
que pueblan de hogares santos
mi venturosa nación.
Y si grande el pueblo es
y eleva a la patria altares
es que forma sus hogares
el amor, no el interés.
Esta concepción, por supuesto, deja por fuera a aquellas mujeres que no formaban hogares, y también parece excluir a aquellas que físicamente no concuerdan con la descripción de “facciones divinas”. Pienso, por ejemplo, en las aborígenes o en las trabajadoras que dejaban la vida (metafórica y a veces literalmente) en las fábricas. Todas estas mujeres no constituían en el imaginario de  López Gomara la idea de belleza. No parece referirse a ellas cuando habla de “Ángeles del cielo”.

La verdad metida en prensa… ¡hágame usted el favor!
Justo S. López de Gomara, en boca de un vendedor de diarios, hace referencia a muchos de los diarios de la época:La Nación, La Prensa, La Patria, El Porteño, Standard Herald, Correo Español, Patria Italiana, El Censor, Courrier de la Plata, Deutsche Roma, Figaro, La Unión, La Nazione, L´Operaio, El Nacional, El Diario, Sud América, La Voz de la Iglesia, El Globo, El Río de la Plata. Para empezar, la gran cantidad de opciones de diarios para leer nos habla de un mercado de lectura novedoso para la época, de diarios realizados por gente de numerosas nacionalidades (argentinos, italianos, españoles, ingleses, franceses, etc) e ideologías (liberales tanto ateos como clericales, anarquistas, etc). Esta gran cantidad de diarios y periódicos eran impresos en las tres únicas imprentas que había en Buenos Aires, y eran publicaciones caras. Generalmente se publicaban pocos números y de una tirada muy limitada. En este contexto comienza la profesionalización de los escritores, que empiezan a cobrar por lo que escribían. De hecho, Justo S. López de Gomara fue el primer autor de teatro argentino que cobró un porcentaje por la presentación de su obra teatral De paseo por Buenos Aires, marcando un antecedente, y dejando en claro la importancia que le daba a los derechos de autor y al tema de la profesionalización del escritor.
Es llamativo, además, que aparezca esta extensa lista de diarios, porque uno tendería a pensar que si nombra a todos estos diarios por su nombre debe ser con el fin de hacerles publicidad, para ganarse la simpatía de la prensa o un lugar en sus páginas. No obstante, acto seguido, hace una crítica en clave de humor a todos los diarios, diciendo que tanto aquellos que están a favor del gobierno, como aquellos que están en contra, faltan a la verdad (Gomara, [1889], 2009: 232). Es interesante la crítica a los diarios que hace Gomara teniendo en cuenta que en aquellos años los diarios no tenían la masividad que tienen hoy, no constituían un cuarto poder como la prensa actualmente, pero ya en aquel entonces resultaba cuestionable la veracidad de la información.No solo esto sino que generalmente quienes tenían la posibilidad de publicar poseían un cierto poder en la época y se producían enfrentamientos entre los bandos de los diferentes diarios, llegando a haber atentados que obligaban a la desaparición de publicaciones, que tenían una duración efímera.

La vida tiene algo de teatral: la identidad
“La vida tiene algo de teatral”: esas son palabras del personaje Diego de De paseo en Buenos Aires(Gomara, [1889], 2009: 293). Seguramente López de Gomara conocía el tópico de la vida como teatro que enseguida nos remite al español Calderón de la Barca y su obra El gran teatro del mundo. ¿Y por qué la vida tendría algo de teatral? Porque en el teatro los actores cumplen papeles y en la vida cumplimos papeles también, roles, para los cuales es necesario saber qué decir. Las identidades pueden ser entendidas entonces como construcciones de papeles, o llevándolo más al límite, “ficciones narrativasque nos dan un sentido de permanencia en el tiempo y de pertenencia a grupos determinados, que se construyen a través de la historia” (Dussel, 2004: 310).
Stuart Hall plantea el tema de la identidad como un concepto que puede ser deconstruido, siguiendo el punto de vista de Derrida. Es decir, que funciona “bajo borradura” (Hall, 2005: 13). La identidad sería una idea que ya no se puede seguir pensando como se pensaba en la modernidad, pero que nos sirve para pensar ciertas cuestiones porque no contamos con otros conceptos que la remplacen. Por otro lado, Hall también plantea que la cuestión de la identidad puede debatirse en torno a la política. Sobre todo lo piensa en torno a las formas modernas de movilización política y las distintas políticas identitarias, como pueden ser los movimientos por los derechos de la diversidad sexual, de mujeres, de etnias, etc.
Hall plantea que la identidad no es un yo de núcleo estable ni mucho menos un yo colectivo, impuesto artificialmente, mediante la educación y la cultura, y los discursos que nacen de allí, institucionalizados. Él afirma que las identidades se encuentran cada vez más fragmentadas. Esto contrasta con la idea de identidad nacional, fuerte y homogénea que pretendía ser implementada desde los gobiernos liberales en nuestro país al momento de estrenarse De paseo en Buenos Aires. El autor sostiene que:
“Precisamente porque las identidades se construyen dentro del discurso y no fuera de él, debemos considerar las producidas en ámbitos históricos e institucionales específicos en el interior deformaciones y prácticas discursivas específicas, mediante estrategias enunciativas específicas.” (Hall, 2005: 18).
También afirmará que las identidades se construyen en relación con el Otro, a través de la diferencia. El Otro aparece en nuestro discurso, por acción u omisión. Esto es lo notable al leer obras como De paseo en Buenos Aires, donde el Otro es construido en base a la mirada del autor, que jamás será una mirada ingenua, apolítica o sin posicionamientos ideológicos que subyacen. Por el contrario, en el discurso se observan relaciones de poder, donde existen exclusiones y polarizaciones, y donde un polo es un mero accidente, mientras que el otro es legitimado. En este trabajo traté de hacer hincapié en aquellas alteridades que cuando aparecen lo hacen siempre “domesticadas”, “civilizadas”, como los inmigrantes y trabajadores “honrados”(los que no protestan, los que son leales). Las mujeres, del mismo modo, aparecen siempre y cuando sean esas mujeres virtuosas, buenas amas de casa, de belleza prototípica; y cuando las mujeres se quejan aparecen, pero ridiculizadas.
Por fuera de la obra queda el Otro que está en el extremo, el Otro que es el peligroso, que es el que atenta contra “el progreso”: los inmigrantes que traían ideas radicalizadas como los italianos y españoles anarquistas, las mujeres que cada día se incorporaban al mundo del trabajo, y todos aquellos hombres y mujeres disconformes con la situación política y económica del momento, todos aquellos que unos meses más tarde, serían parte de la que se conoce como la “Revolución” del 90. Como expresa Dussel:
“Este “afuera” es lo que se congela como otredad, como alteridad irreductible, y lo que en la mayoría de las culturas políticas se identifica como “maldad”, “subversión”, o el “enemigo”.” (Dussel, 2004: 309).

Cultura e identidad en la escuela: del siglo XIX al siglo XXI
Actualmente se da un debate acerca de la crisis de cultura e identidad, que parece estar marcado por la globalización y el debilitamiento de los Estados (Cuche, 2004: 105), cuestión que se expresa también en Argentina, a través de los productos de cultura y en el campo de la educación. Denys Cuche plantea que la identidad cultural es aquella que nos permite diferenciar entre un ellos y un nosotros, basado en la diferencia cultural(Cuche, 2004: 106).
            La Argentina se inscribe en la historia de los Estados modernos, que al formarse se hace cargo de la tarea de instaurar una identidad, a través de controles y reglas rígidas. Según Cuche el Estado moderno tiende a tener una sola identidad cultural, pues no acepta que haya otras para la identidad nacional. En algunos casos existe un margen de pluralidad cultural, pero siempre es una sola cultura la que goza de prestigio. Esto podría conducir a la ideología nacionalista, produciendo exclusiones étnicas. Estos presupuestos ideológicos son los que parecen estar detrás de la obra De paseo en Buenos Airesde López de Gomara.
Según Inés Dussel, lo que sucedió en ese contexto social, donde imperaban políticas liberales, fue una “ficción de equivalencia” (Dussel, 2004:314) y una suspensión de diferencias, según la cual todos aparentemente eran iguales, y entonces para ser seres nacionales había que abandonar las particularidades, localismos, lengua extranjera, etc. Aunque no siempre fue así, ya que en especial los inmigrantes pero también los pueblos originarios, tenían sus propias culturas, que se mezclaban con la nueva cultura argentina. Como lo explica Cuche: “Los encuentros de los pueblos, las migraciones, multiplicaron estos fenómenos de identidad sincrética” (Cuche, 2004: 116). Es decir que no debe entenderse la identidad como algo monolítico o no sujeto a cambios, sino en constante construcción.
En este sentido cuando se piensa en identidad nacional, a falta de otro concepto, es necesario contemplar los aportes culturales que han traído, en especial, los inmigrantes a nuestro país. Paradójicamente, no puede pensarse la identidad nacional sin tener en cuenta al extranjero. Otro tanto ocurre con los pueblos originarios. No puede pensarse en la identidad nacional sin tener en cuenta al Otro (¿y a la Otra?). Es necesario reflexionar en estas cuestiones a la hora de encarar la formación ciudadana en las aulas, ya que como se ha demostrado, incluso los productos de la cultura que circulan fuera de la escuela, como las obras de teatro, nos permiten pensar lineamientos políticos, que en muchos casos pueden no coincidir con lo que pretendemos enseñar. Es por eso que debemos prestar mayor atención a la hora de hacer las selecciones de la cultura que llevaremos al aula.
En la obra analizada vemos que hay un discurso fuertemente localista y patriota, y un esfuerzo consciente por parte de Gomara por diferenciarse de la literatura española y por forjar una literatura argentina. Sin embargo, a pesar de querer diferenciarse de la literatura española y colonialista, Gomara cae preso de sus concepciones. Él escribe como argentino, en oposición a la literatura española, pero también escribe como hombre, blanco, civilizado y de cultura occidental, liberal ideológicamente, y en este sentido toma partido, y excluye o presenta de manera negativa a sectores de la sociedad como mujeres e inmigrantes.
Actualmente, a diferencia del siglo XIX, nos encontramos con que la cantidad de alumnas es similar a la de alumnos varones. Además es notoria la presencia de población inmigrante, sobre todo de países como Bolivia, Chile o Paraguay. También nos encontramos con chicas y chicos pertenecientes al pueblo mapuche; y empieza a haber más aceptación a quienes se identifican como no heterosexuales. Quizá lo que une a todos estos jóvenes que están formando su identidad, es que todos pertenecen a la clase baja, son hijos de trabajadores que asisten a la escuela pública. Es por todo esto que considero que un criterio para seleccionar lecturas es apostando por una literatura respetuosa de la diversidad, y que en las escuelas se lea y produzca literatura que muestre y a su vez ayude a formar los discursos e identidades que los poderosos y las clases altas siempre han querido silenciar para seguir hegemonizando la cultura.

Bibliografía Específica

Cuche, Denys. 2004. La noción de cultura en las ciencias sociales. Bs. As: Nueva Visión.
Dussel, I. 2004. “Inclusión y exclusión en la escuela moderna argentina: una perspectiva postestructuralista” en Cadernos de  Pesquisa, v. 34.
Hall, Stuart. 2005. “Introducción; ¿quién necesita identidad?” en Cuestiones de identidad cultural.  Barcelona, Ariel.
López de Gomara, Justo S., [1889],2009. “De paseo en Buenos Aires” en Antología de obras de teatro argentino. Desde sus orígenes a la actualidad, de Beatriz Seibel. Bs. As. Inteatro.

Bibliografía de consulta

Camarero, Hernán. 2014. “El anarquismo en los orígenes del movimiento obrero argentino” en Ideas de Izquierda Nº 8. Bs. As.
D’Atri, Andrea. (ed) 2006. “Carolina Muzilli” en Luchadoras. Historias de mujeres que hicieron historia.Bs. As. Ediciones IPS.

“Juana RoucoBuela” en Luchadoras. Historias de mujeres que hicieron historia.Bs. As. Ediciones IPS.

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