lunes, 27 de mayo de 2013

Las mucamas luchan por sus derechos

Las mucamas luchan por sus derechos

La Asociación Neuquina de Trabajadoras Domésticas pelea desde hace seis años contra la explotación laboral.
 

Neuquén > A Braulia la trajeron cuando era muy chiquita desde Río de Janeiro con supuestas intenciones de darle una mejor calidad de vida. Pero aquella morena que hoy ostenta 80 años terminó fregando pisos de rodillas desde los 5, convirtiéndose en empleada doméstica.
Ese antiguo oficio, que hace muy pocos días consiguió su regulación a partir de la flamante ley nacional que creó el Régimen Especial de Contrato de Trabajo de Casas Particulares, busca ahora el reconocimiento de los empleadores.
En la provincia existe la Asociación Neuquina de Trabajadoras domésticas que hace seis años lucha para que este sector conozca sus derechos y los haga respetar.
Sandra Leiva, su presidenta, reconoció que “el maltrato existió siempre”. “Y por eso es importante regularizar la situación del sector. Siempre existieron todo tipo de abusos, de explotación, de maltrato, de marginación, y era hora de que nosotras mismas hagamos algo”, dijo.
Desde la agrupación local trabajaron para que se promulgue la ley nacional, estuvieron presentes en Buenos Aires el día que se aprobó la ley y además presentaron en la Legislatura Neuquina un proyecto provincial.
A partir de esta norma las empleadas domésticas tienen derecho a gozar de la licencia por maternidad, licencia por enfermedad, por matrimonio, por fallecimiento de un familiar. Y los 15 días de vacaciones a partir de los 6 meses de trabajo.
"Si bien parecen cosas comunes nosotros no las teníamos", aclaró la presidenta de la Asociación, quien recordó que antes de nuclearse se encontraban en las paradas del colectivo y se comentaban las injusticias que les tocaban vivir como “trabajar muchísimas horas por sueldos miserables".
"Hay casos en buena hora, donde los empleadores son buenos, pero no son todos los casos. Y por eso poder tener hoy la ley y ya hace seis años la asociación, nos da herramientas para luchar en defensa de nuestros derechos que estaban invisibilizados”, expresó Leiva.

Braulia


"Yo fui trabajadora desde los cinco añitos limpiando pisos de rodillitas. Eso de acá no se me olvida", expresó Braulia De Almeida, mientras señalaba su cabeza. "Entonces, yo quiero que se cumpla esta ley y estamos con la lucha para eso", dijo.
Según comentó Sandra, Braulia no se pierde ni una de las reuniones que la Asociación realiza todos los viernes a partir de las 16 en el salón del sindicato ceramista en Carlos H. Rodríguez y Las Heras. "A veces le tenemos que mentir y decir que lo suspendimos por la lluvia para que no salga cuando llueve, para cuidarla, tiene 80 ya", expresó la presidenta.
Al preguntarle a Braulia por cómo la trataron sus empleadores, la abuela no tardó en decir que "muy bien", que siempre trabajó en casa de familia. Recordó que durante 10 años lo hizo en la misma casa y que los chicos que cuidaba la querían mucho. "Me pagaban 97 pesos por mes", recordó sobre aquel trabajo en la década del '90 en La Plata.
Pero no siempre fueron buenos tratos los que recibió Braulia. Quizás sus años o su optimismo la hacen olvidar los malos ratos, y es ahí cuando Sandra asegura que "no fue tan sencilla su vida".
"A ella la trajeron muy chiquita de Río de Janeiro, cuando tenía 4 añitos, supuestamente para darle una vida mejor. Estaba con una familia de mucho dinero de La Plata y a los 5 años la tenían fregando de rodillas los pisos, ella recuerda que la maltrataban, la pellizcaban, la trataban muy mal, la encerraban en un placard. Ella siempre se acuerda que los vecinos escuchaban cuando lloraba porque la encerraban", comentó.
La morocha de pelo en cana asienta lo que cuenta su actual compañera. "Ella, sufriendo todo ese terrible maltrato para la edad, a los 14 años le ocurre algo mucho peor con el hijo de la patrona. Era muy natural eso, que abusaran de las trabajadoras mujeres que tenían en sus casas; entonces a ella la despiden, la echan y la dejan en un hogar de monjas", relata Sandra, y continúa: "Y ahí ella tuvo su hijo, sola. Entonces empieza a trabajar en casas de familia, y el chico quedaba en el hogar mientras estaba trabajando. Tampoco te recibían con un hijo en esas épocas".
"Esa es su historia verdadera, muy triste, muy sola. La realidad fue que siempre la usaron, la maltrataron y nunca fue nadie capaz de hacerle un aporte a pesar del aporte que ella le brindaba a esos hijos", expresó Sandra, quien además destacó: "Y crió a su hijo de trabajadora doméstica y su hijo hoy es arquitecto". "Ella es un ejemplo para nosotras, un orgullo tenerla en nuestra agrupación. Es la más optimista de todas", expresó.


En blanco


Todos lo empleadores deben registrar a las empleadas domésticas. El trámite es muy simple: se pasa por cualquier delegación de la Anses o subsecretaría de Trabajo con el formulario 102, se completa, se paga en el banco y ya empieza la trabajadora a tener acceso a sus aportes jubilatorios y obra social.

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