lunes, 27 de mayo de 2013

La educación y el marxismo. Apuntes para una visión crítica de la educación.

Este texto apareció originalmente en http://revueltaalmundo.blogspot.com.ar/ y fue escrito por la compañera May, estudiante de Ciencias de la Educación.


La educación y el marxismo.
Apuntes para una visión crítica de la educación.


“Nuestros pulmones revolucionarios aspiran el elevado aire que ha producido el desarrollo anterior del pensamiento humano. Por eso nosotros estamos profundamente convencidos que el futuro es nuestro.” León Trotsky.[1]

Por un instante saquémonos la idea de que el sistema educativo y la escuela, como institución central conquistada en la modernidad[2], son instituciones eternas e inmutables, que la forma de “aprender” está entre las cuatro paredes del aula, despojémonos de la idea de las calificaciones, los horarios fijos, la gradación del aprendizaje, el fracaso escolar, etc. La escuela es un producto histórico que apareció en un momento histórico dado y por lo tanto no es natural ni eterna y está destinada a cambiar o desaparecer en relación a como la conocemos hoy, junto a la sociedad que le dio su origen.

El surgimiento de la escuela se debió principalmente a que la burguesía vio que  monopolizando la enseñanza, la educación podía convertirse en uno de los medios fundamentales de dominación ideológica, en un instrumento esencial para alcanzar y consolidar la hegemonía de su clase en el poder. El estado de clase iba íntimamente ligado a la enseñanza de clase. Las condiciones culturales de las masas no eran, en los comienzos de la sociedad burguesa, muy adecuadas para el crecimiento del nuevo modo de producción capitalista. El analfabetismo elevado tampoco ayudaba a esto. Entonces el aparato escolar presentaba ventajas obvias y que sin dudas fueron aprovechadas por la burguesía. Y así nace el sistema educativo marcado por la impronta que le impone la clase dominante y que configurará el carácter de la educación destinada a los hijos de las clases populares, que como decía Lenin sólo consistía en última instancia en adiestramiento.

Bajo estos intereses es que la masificación del sistema escolar sirvió para la calificación de la fuerza de trabajo a través de la división del trabajo mental-manual, se convirtió también en un lugar donde dejar a los hijos, ocultar el desempleo real, formar “buenos ciudadanos”, educar buenos consumidores, adiestrar trabajadores dóciles. Hace ver como natural la división meritocrática de la división en clases sociales, conformar las demandas populares de cultura y así distraer a la población de otros problemas más importantes. (Mariano Fernández Enguita.1994).

Quienes estudiamos carreras docentes estamos acostumbrados a hablar y leer de problemas en el sistema educativo tales como la desigualdad social, el fracaso escolar, la deserción, el analfabetismo, etcétera, como si fueran equivocaciones o fallas del sistema educativo, o desde la mirada más crítica y progresiva del pensamiento pedagógico contemporáneo (en los límites del academicismo universitario) producto del actual estado de cosas para legitimar y mantener el dominio burgués. Y aún en las teorías llamadas “críticas”[3] la concepción predominante es que la emancipación de esta “educación desigual producto de la desigualdad de clases” precede a la acción revolucionaria de la clase obrera (como única clase capaz, por su lugar en los medios de producción, de poner en jaque las bases del sistema capitalista) o incluso prescinde de ella, planteando que la educación es el motor de la transformación de la sociedad, y se considera que “reformando” las características de dominación ideológica en el aparato escolar es posible conquistar una educación igualitaria e inclusiva para todos.

Desde la juventud del PTS queremos chocar con la idea de que “esta es la educación que hay” y aspirar sólo a meras reformas intentando mejorar algunos aspectos parciales. Es necesario analizar la educación como espacio de contradicción de intereses de clase, para defenderla como conquista y pensarla ligada a un trabajo liberado de sus formas históricas capitalistas, de su carácter alienado y de explotación.
Desde una mirada marxista hablamos de planificar el trabajo como disciplina, ciencia y técnica creadoras, promotor de riqueza material y espiritual, hablamos ni más ni menos del saber acumulado al servicio de la humanidad.

Creemos necesario poder hacer un profundo debate sobre la educación por la que luchamos, el tipo de sistema educativo que defendemos y proponemos. Queremos recuperar aspectos del pensamiento y práctica de Marx, Engels y otros autores marxistas como Lenin, Trotsky, Gramsci, (entre otros que colaboraron a elaborar la concepción marxista de la educación) porque todos ellos se encuentran  ausentes en los debates pedagógicos debido a que el pensamiento predominante en este terreno es el idealista, del que desarrollaremos nuestra delimitación teórica.

Las distintas corrientes pedagógicas que han existido desde los inicios del capitalismo han sido muchas. Empezando por la escuela clásica  que surge en los albores de la burguesía como clase dominante a fines del SXIX-principios del XX, numerosas corrientes pedagógicas surgieron con cuestionamientos más o menos radicales y con experiencias educativas, muchas de ellas de alcance mundial: desde los optimistas pedagógicos de la Escuela Nueva (período entreguerras: Dewey, Ferriere, Freinet); las llamadas corrientes libertarias de tendencias anarquistas y socialistas (Tolstoi, Vera Schmidt y los Jardines socialistas en Moscú, Neill y la Escuela de Summerhill en Alemania, las “Casas de los niños” en Alemania del 68, Ferrer Guardia en Barcelona); las llamadas corrientes desescolarizantes (Illich y Reimer) hasta las llamadas teorías críticas (Bourdieu, Freire, la Escuela de Frankfurt), entre tantas otras que podrían mencionarse.

Las corrientes que cuestionan a la teoría marxista de la educación argumentan que como doctrina se dedica solamente a explicar el modo de producción desde un análisis de la economía, la política y la filosofía en el marco de las contradicciones de la sociedad capitalista pero que solo da respuestas “generales” a los problemas de la educación volviéndose insuficiente.

Marx y Engels estaban convencidos que la sociedad de clases es una sociedad que no solo debe sino que puede desaparecer. Las formas educativas también están, indefectiblemente, destinadas a transformarse junto con las transformaciones de la sociedad. El marxismo avanza hacia la conformación de una nueva teoría de la educación porque crítica profundamente a la escuela entendida como instrumento que mantiene las diferencias entre las clases sociales, legitimando la dominación violenta de una clase sobre otra, producto de estas relaciones de explotación.

La teoría marxista del materialismo histórico y dialéctico es la única que se opone a la tradición que tiene la concepción idealista del hombre, porque plantea el papel de la revolución como único factor que puede crear las nuevas relaciones sociales y los nuevos hombres. Esto tiene un valor importantísimo para la pedagogía porque permite concebir de un modo totalmente nuevo el problema educativo y superar las alternativas planteadas por el pensamiento pedagógico burgués.

Toda la pedagogía burguesa se basa en la adaptación del hombre a su ambiente, indiferentemente de si este mundo al que hay que adaptarse sea el mundo ideal de los valores o el mundo real del orden capitalista.[4]
Contrariamente a los partidarios de la educación por la influencia sobre la conciencia y a los que opinan que la educación es por la influencia de las relaciones ambientales del niño, el marxismo viene a echar luz sobre este problema planteando que el factor decisivo que configura a los hombres es su propia actividad social, de dicha actividad se desprende la configuración tanto del ambiente como de la conciencia. La realidad para Marx no moldea indefectiblemente al hombre, a su ser, determinándolo, sino que ésta y aquel interactúan en un movimiento constante de transformación.

La consideración del problema de la enseñanza desde esta base es lo suficientemente sólida para rechazar todo el conformismo de la pedagogía burguesa y también enfrentar las tendencias utópicas que si bien cuestionan a la pedagogía burguesa, son incapaces de enfrentarla hasta el final por su misma concepción utópica, tradición arrastrada desde los inicios de la pedagogía.

El idealismo, casi hegemónico en la educación, es la base en común de las corrientes
teóricas en pedagogía que supuestamente enfrentadas, se dividen en la corriente del reformismo pedagógico y la corriente de los “reproductivitas”. Los Reformistas Pedagógicos dicen que la educación tendría por finalidad el cambio de conciencias; que un cambio en la educación es un motor de cambio para la sociedad. Y aunque este cambio de conciencias no sólo tenga por objetivo cambiar el cerebro de las personas, sino transformar el mundo, creen necesario cambiar primero las conciencias. Cambio que se produciría por medio de la acción educativa, como si el educando fuera una tabla rasa a la cuál hay que limpiar de prejuicios por el mismo procedimiento por el que los ha adquirido: la inculcación.

 Los “reproductivistas” opinan que la educación y el sistema educativo como tal deben ser rechazados y enfrentados como un ámbito más de “reproducción” de la ideología dominante, manifestando que no serían “defendibles” en tanto están condicionados por este carácter.
En ambas corrientes se observa una misma constante en el pensamiento pedagógico: el carácter idealista está determinado por el carácter ahistórico de esta concepción. Ahistórico porque niega al hombre como ser social determinado por sus condiciones materiales dentro de un sistema de producción dado, poniendo a la educación por encima de la sociedad de clases, como un ámbito independiente de las contradicciones de la sociedad capitalista, colgada del mundo de las ideas.

Para Marx, el pensamiento, la ideología y la conciencia de los hombres, no son el
resultado de ningún proceso de inculcación expresa sino el resultado de su vida real.
Es por esto que opinamos que la historia de la educación está indisolublemente ligada a la historia de la lucha de clases y como tal no podemos pensarla como un proceso “neutro” sino como un proceso contradictorio, complejo y regido por fuerzas antagónicas. Por un lado, es la historia del intento de la burguesía, los empresarios y sus gobiernos por poner el sistema educativo a su servicio. Pero también por otro, es la historia de las gloriosas luchas de los trabajadores que han entregado, incluso sus vidas, por defender además de sus derechos como trabajadores, el derecho al acceso a la educación de los hijos de los trabajadores y el pueblo pobre.

La cuestión es de qué lado nos paramos nosotrxs como futuros trabajadores de la educación, concibiendo al rol docente ligado a la construcción del hombre nuevo.  Por eso cuestionamos la universidad en su contenido de clase, en su forma medieval y antidemocrática porque nos deja afuera de todas las decisiones, donde vemos como vacían de contenido nuestras carreras, para que paguemos costosos grados y posgrados, con el solo objetivo de profundizar la mercantilización de la enseñanza favoreciendo la educación privada.

No queremos ser profesionales al servicio del mercado, queremos ser quienes peleen por una universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo pobre, para terminar de una vez por todas con este sistema que ya nada puede ofrecernos. Para esto es necesario organizarnos junto a los trabajadores participando en sus luchas, volcando nuestro conocimiento al servicio de su liberación, entendiendo que uniéndonos a ellos podemos formar una alianza estratégica capaz de dar vuelta la balanza en los momentos decisivos de la lucha de clases. Somos los jóvenes que queremos terminar con el trabajo precario, en negro y en condiciones deplorables a las que son sometidos millones de jóvenes trabajadores que dejan sus vidas en las fabricas y que nunca accederán a las universidades en tanto y en cuanto la enseñanza siga en manos de los capitalistas. Somos los jóvenes que  nos ponemos de pie contra la discriminación y por los derechos LGTBI. Los jóvenes que peleamos por una universidad a la que puedan ir los hijos de los trabajadores y los sectores mas oprimidos a recibir una educación de calidad.

Mientras vemos como se profundiza la crisis en Europa, los capitalistas intentan descargar sobre las espaldas de la clase obrera todo el peso de esta crisis que ellos mismos generaron. Y la argentina no está aislada de este fenómeno. Vemos  como los trabajadores están divididos entre 5 centrales de la CGT y la CTA, y la inmensa mayoría de la clase obrera no tiene siquiera representación sindical. Es por eso que los estudiantes debemos ir por la unidad de las filas obreras, ocupadas y desocupadas, contratados, efectivos y tercerizados apostando a superar a la burocracia sindical, parásitos al servicio de los patrones que llenan sus bolsillos a expensas de los trabajadores mientras vemos como se licuan el salario y la canasta básica producto de la inflación. La salida para evitar esto es organizarnos al interior de las fábricas, los sindicatos, las facultades sembrando la idea de que es ahora cuando debemos pelear por sindicatos sin burócratas y por un partido de trabajadores sin patrones.

Solo desde esta perspectiva podemos avanzar en construir una alianza entre obreros, estudiantes y los sectores más explotados que cuestione y se proponga terminar con las bases de este sistema capitalista. Dando origen así a una sociedad sin clases, sin explotadores ni explotados, donde la humanidad se organice en un régimen basado en la cooperación y no en la competencia, en el desarrollo sin limites de la técnica al servicio del hombre desarrollando todo el potencial de las capacidades creadoras de la humanidad. Convertirnos, como diría Lenin en “verdaderos dueños de la vida”.


[1] “Las Tareas De La Educación Comunista” León Trotsky. Estrategia Internacional n°24 de la FT-CI (Fracción Trotskista por la Cuarta Internacional).
[2] Podemos situar al sistema educativo en el momento histórico de su formación y masificación. El desarrollo de la revolución industrial y el triunfo  del liberalismo trajeron consigo una transformación fundamental del aparato escolar. Las necesidades tecnológicas producidas por los cambios en las fuerzas productivas y las exigencias liberales de extender la educación y el conocimiento como condición de igualdad, determinaron la institucionalización, extensión y masificación del aparato escolar. La enseñanza pasó a depender del Estado y comenzó a considerarse como una necesidad y un derecho. “Cuestionando desde el Marxismo”. Publicación de la Corriente Nacional 9 de Abril. Noviembre 2008.
[3] Podemos mencionar a algunos exponentes de dichas teorías: Pierre Bourdieu, Paulo Freire hasta la escuela de Frankfurt,  entre muchos otros que podrían mencionarse. Freire opina desde su pedagogía de la liberación que la alfabetización sirve para tomar conciencia de la opresión y desde ahí transformarla. Por otro lado Bourdieu sostiene que como la escuela reproduce la ideología dominante hay que enfrentarla.
[4] “Teoría Marxista de la Educación”.Bodgan Suchodolski. Ed. Grijalbo. 1961.

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