viernes, 1 de marzo de 2013

Selección de cuentos de Eduardo Galeano


Alexandra


Para que el amor sea natural y limpio, como el agua que bebemos, ha de ser libre y compartido; pero el macho exige obediencia y niega placer. Sin una nueva moral, sin un cambio radical en la vida cotidiana, no habrá emancipación plena. Si la revolución social no miente, debe abolir, en la ley y en las costumbres, el derecho de propiedad del hombre sobre la mujer y las rígidas normas enemigas de la diversidad de la vida.
Palabra más, palabra menos, esto exigía Alexandra Kollontai, la única mujer con rango de ministro en el gobierno de Lenin.
Gracias a ella, la homosexualidad y el aborto dejaron de ser crímenes, el matrimonio ya no fue una condena a pena perpetua, las mujeres tuvieron derecho al voto y a la igualdad de salarios, y hubo guarderías infantiles gratuitas, comedores comunales y lavanderías colectivas.
Algo después, cuando Stalin decapitó la revolución, Alexandra consiguió conservar la cabeza. Pero dejó de ser Alexandra.
Autor: Eduardo GaleanoDel libro: Espejos (Una historia casi universal).

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Hace mil años, dijo el sultán de Persia:
-Qué rica.
Él nunca había probado la berenjena, y la estaba comiendo en rodajas aderezadas con jengibre y hierbas del Nilo.
Entonces el poeta de la corte exaltó a la berenjena, que da placer a la boca y en el lecho hace milagros, porque para las proezas del amor es más poderosa que el polvo de diente de tigre o el cuerno rallado de rinoceronte.
Un par de bocados después, el sultán dijo:
-Qué porquería.
Y entonces el poeta de la corte maldijo a la engañosaberenjena, que castiga la digestión, llena la cabeza de malos pensamientos y empuja a los hombres virtuosos al abismo del delirio y la locura.
-Recién llevaste a la berenjena al Paraíso, y ahora la estásechando al infierno –comentó un insidioso.
Y el poeta, que era un profeta de los medios masivos decomunicación, puso las cosas en su lugar:
-Yo soy cortesano del sultán. No soy cortesano de l a berenjena. 
San Juan Crisóstomo decía: "Cuando la primera mujer habló, provocó el pecado original" y San Ambrosio concluía: "Si a la mujer se le permite hablar de nuevo, volverá a traer la ruina al hombre".
La iglesia Católica, les prohíbe la palabra.
Los fundamentalistas musulmanes, les mutilan el sexo y les tapan la cara.
Los judíos muy ortodoxos empiezan el día agradeciendo: "Gracias Señor por no haberme hecho mujer".
Saben cocer.
Saben bordar.
Saben sufrir y cocinar.
Hijas obedientes.
Madres abnegadas.
Esposas resignadas.
Durante siglos o milenios ha sido así, aunque de su pasado sabemos poco.
Ecos de voces masculinas. Sombras de otros cuerpos.
Para elogiar a un prócer se dice: "Detrás de todo gran hombre hubo una mujer", reduciendo a la mujer a la triste condición de respaldo de silla.
Hoy voy a contarles, a mi modo y manera, algunas historias de mujeres que no siempre coinciden con éste identikit.
Están allí pintadas las paredes, los techos de las cavernas; alces, bisontes, figuras que vienen de eso que llaman Prehistoria; caballos, fieras, hombres, mujeres que no tienen edad. Fueron pintadas, pintados, hace miles y miles de años, pero nacen de nuevo cada vez que alguien las mira.
Y uno se pregunta: ¿Cómo pudieron ellos, nuestros remotos abuelos pintar de tan delicada manera?, ¿Cómo pudieron aquellos brutos que peleaban mano a mano con las fieras más feroces, crear esas figuras tan, tan plenas de gracia, esas mágicas obras volanderas que se escapan de la roca y por los aires vuelan?, ¿Cómo, cómo pudieron ellos?... ¿O eran Ellas?



Puntos de vista / 1
 Si Eva hubiera escrito el génesis... ¿Cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera puesto algunos puntos sobre las íes; quizá, digo yo, no sé, hubiera aclarado que ella no nació de ninguna costilla, que no conoció a ninguna serpiente, que no ofreció nunca ninguna manzana a nadie y que nadie le dijo que: "Parirás con dolor" y "Tu marido te dominará"... Y que todo eso, diría Eva, no son más que calumnias que Adán contó a la prensa.



Puntos de vista / 2
 Si las Santas, y no los santos, hubieran escrito los Evangelios... ¿Cómo sería la primera noche de la era cristiana? Las Santas hubieran contado que estaban todos de muy buen humor; todos: la Virgen, el niño Jesús resplandeciente en su cuna de paja, el buey, el asno, los Reyes Magos recién venidos de Oriente y hasta la estrella que los había conducido a Belén... Todos, todos contentos, menos uno. San José, sombrío, murmuró: "Yo quería una nena".


Hildegarda
En el año1234 la religión católica prohibió que las mujeres cantaran en las iglesias. Las mujeres, impuras por naturaleza, ensuciaban la música sagrada que solo podía ser entonada por niños varones o por hombres castrados. Esta pena de silencio rigió durante siete siglos, siete siglos y pico, hasta que, con el siglo XX, hace un rato nomás, las mujeres pudieron cantar en las iglesias solas o en coros. Poco antes de que se pusiera en marcha esta prohibición contra las hijas de Eva, hubo una monja llamada Hildegarda, que dirigió un convento a las orillas del Rin, en una ciudad, Bingen, y que creó la música litúrgica que a mí me parece la más bella de todas, la que más me llega, la que más profundamente me llega al último rinconcito del alma. Y esa música fue escrita, compuesta para ser cantada por mujeres, las monjas de la Abadía de Bingen que dirigía Hildegarda; y por suerte el tiempo no les borró las voces, esas voces de ángeles que supieron cantar como nadie a la gloria del paraíso. Y, Hildegarda no se limitó a componer músicas maravillosas, que durante siglos fueron traidoramente entonadas por hombres porque las mujeres no podían cantarlas, sino que además fue una adelantada de su tiempo, que hace muchos años, ochocientos años, año más año menos, supo desafiar el monopolio masculino de la fe y convirtió a su convento en un reducto, en un santuario de la libertad femenina...Y que supo escribir en sus trances místicos páginas que han perdurado, donde la mujer ocupa un lugar central, porque Hildegarda decía, y sabía lo que decía, que: "La sangre de veras sucia no es la sangre de la menstruación sino la sangre de las guerras".

Juana de Arco
No había hombre que pudiera con Juana. Ni en el arado, ni en la espada.
Al mediodía, en el silencio del huerto, escuchaba voces. Le hablaban los ángeles, los santos y también le hablaba la voz más alta del cielo, que le decía: "No hay nadie en el mundo que pueda liberar a Francia, solo tú"... y ella lo repetía, siempre citando a la fuente... "Me lo dijo Dios", decía. Y así esta pobre campesina analfabeta, nacida para cosechar hijos, encabezó un gran ejército, un inmenso ejército que a su paso crecía. Juana de Arco, doncella guerrera... virgen por mandato divino o por pánico masculino, avanzaba de batalla en batalla. Lanza en mano, cargando a caballo contra los soldados ingleses, fue invencible...hasta que fue vencida.
Los ingleses la hicieron prisionera y decidieron que los franceses se hicieran cargo de "esta loca". Por Francia y por Dios se había abatido. Y los funcionarios del Rey de Francia y los funcionarios de Dios, se encargaron de mandarla a la hoguera.
Ella, rapada, encadenada, no tuvo abogado. Pero los Jueces, el fiscal, los expertos de la inquisición, los obispos, los priores, los canónigos, los notarios y los testigos, coincidieron todos sin excepción con la Docta Universidad de la Sorbona, que ya por entonces tenía un prestigio muy bien ganado.
La Universidad de la Sorbona dictaminó que Juana, Juana de Arco, la acusada, era: cismática, apóstata, mentirosa, adivinadora, sospechosa de herejía, errante en la fe y blasfemadora de Dios y de los Santos.
Tenía 19 años cuando la ataron a un palo en la plaza del Mercado de Rouen (Ruán)... y el verdugo encendió la leña.
Después pasó el tiempo y su patria y la iglesia, que la habían asado viva, la convirtieron en Heroína y Santa, Símbolo de Francia y emblema de la Cristiandad.


Olympia
Fueron femeninos los símbolos de la Revolución Francesa. Mujeres de gorro frigio, las tetas al aire, cabellos al viento, banderas al viento. Pero la Revolución Francesa proclamó la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Y poco después una militante revolucionaria, la actriz Olympia de Gouche propuso que la Revolución aprobara también una Declaración de los Derechos de la Mujer y de la ciudadana. Y un tribunal revolucionario la condenó y la guillotina la decapitó.
Cuando Olympia de Gouche estaba por subir al cadalso preguntó: "Si las mujeres podemos subir a la guillotina... ¿Por qué no podremos subir a la tribuna pública?
Una semana después la Revolución Francesa decapitó nada menos que a la mujer del ministro del interior, por ocuparse de política... "que esas no son cosas de mujeres".
Y algunos años más tarde, cuando la primera comuna de París, un período revolucionario de grandes cambios, donde se aprobó el Sufragio Universal...universal pero no tanto...porque se sometió a votación en la Asamblea hasta dónde era universal el Sufragio Universal... y resultó que los votantes, todos hombres, votaron contra el voto de la mujer; las mujeres no tenían derecho de voto por resolución aprobada en 899 votos contra 1, aprobada por unanimidad menos uno.

Violeta
En los tristes años de la dictadura del general Pinochet, en Chile, el régimen decidió cambiar los nombres de veinte poblaciones de los suburbios más pobres de la ciudad de Santiago; y en el rebautizo, una de las poblaciones, la población Violeta Parra, recibió el nombre de algún militar heroico, pero sus habitantes se negaron a llevarlo, se negaron a llamarse con otro nombre que no fuera su nombre; y en unánime Asamblea dijeron: "Somos Violeta Parra o nada". Y así rindieron homenaje, una vez más, a aquella campesina cantora, de voz gastadita, que en sus peleonas canciones había sabido celebrar los misterios de su tierra y de su gente.
Violeta era, era pecante y picante, amiga del guitarreo y del converse y del enamore y por bailar y por payasear se le quemaban las empanadas... "Gracias a la vida..." cantó en su última canción y un revolcón de amor la arrojó a la muerte.


MIEDO
Los que trabajan tienen miedo de  el trabajo. 
Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. 
Quien no tiene miedo al , tiene miedo a la comida. 
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados. 
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. 
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la  de armas. 
Las armas tienen miedo a la falta de guerra. 
Es el tiempo del miedo. 
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. 
Miedo a los ladrones y miedo a la policía. 
Miedo a la puerta sin cerradura. 
Al tiempo sin relojes. 
Al niño sin televisión. 
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar. 
Miedo a la soledad y miedo a la multitud. 
Miedo a lo que fue. 
Miedo a lo que será. 
Miedo de morir. 
Miedo de vivir. 

Los que trabajan tienen miedo de  el trabajo. 
Y los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. 
Quien no tiene miedo al , tiene miedo a la comida. 
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados. 
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir. 
Los civiles tienen miedo a los militares. Los militares tienen miedo a la  de armas. 
Las armas tienen miedo a la falta de guerra. 
Es el tiempo del miedo. 
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. 
Miedo a los ladrones y miedo a la policía. 
Miedo a la puerta sin cerradura. 
Al tiempo sin relojes. 
Al niño sin televisión. 
Miedo a la noche sin pastillas para dormir y a la mañana sin pastillas para despertar. 
Miedo a la soledad y miedo a la multitud. 
Miedo a lo que fue. 
Miedo a lo que será. 
Miedo de morir. 
Miedo de vivir. 


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En más de treinta paises la tradición manda cortar el clítoris. 
Este tajo confirma el derecho de propiedad del hombre sobre su mujer o mujeres. Y los mutiladores llaman "Purificación" a éste crimen cometido contra el placer femenino. 

Ellos explican que el clítoris es: un dardo envenenado, una cola de escorpión, un nido de termitas, que mata al hombre o lo enferma, que excita a las mujeres, se les envenena la leche y las vuelve insaciables y locas de rematePara justificar la mutilación citan al profeta Maoma, que jamás habló del asunto, y al Corán, que tampoco lo menciona

En más de treinta paises la tradición manda cortar el clítoris. 
Este tajo confirma el derecho de propiedad del hombre sobre su mujer o mujeres. Y los mutiladores llaman "Purificación" a éste crimen cometido contra el placer femenino. 
Ellos explican que el clítoris es: un dardo envenenado, una cola de escorpión, un nido de termitas, que mata al hombre o lo enferma, que excita a las mujeres, se les envenena la leche y las vuelve insaciables y locas de rematePara justificar la mutilación citan al profeta Maoma, que jamás habló del asunto, y al Corán, que tampoco lo menciona

Ellos explican que el clítoris es: un dardo envenenado, una cola de escorpión, un nido de termitas, que mata al hombre o lo enferma, que excita a las mujeres, se les envenena la leche y las vuelve insaciables y locas de rematePara justificar la mutilación citan al profeta Maoma, que jamás habló del asunto, y al Corán, que tampoco lo menciona


*************************************
La iglesia dice: "El cuerpo es una culpa". 
La ciencia dice: "El cuerpo es una máquina"
La publicidad dice: "El cuerpo es un negocio". 
Y el cuerpo dice: -"Yo soy una fiesta". 

La iglesia dice: "El cuerpo es una culpa". 
La ciencia dice: "El cuerpo es una máquina"
La publicidad dice: "El cuerpo es un negocio". 
Y el cuerpo dice: -"Yo soy una fiesta". 


***************************************No hay mujer que no resulte sospechosa de mala conducta. Según los boleros, son todas ingratas; según los tangos, son todas putas (menos mamá). En los países del sur del mundo, una de cada tres mujeres casadas recibe palizas, como parte de la rutina conyugal, en castigo por lo que ha hecho o por lo que podría hacer:
—Estamos dormidas— dice una obrera del barrio Casavalle de Montevideo. —Algún príncipe te besa y te duerme. Cuando te despertás, el príncipe te aporrea.

Y otra:

—Yo tengo el miedo de mi madre, y mi madre tuvo el miedo de mí abuela.

Y las violaciones, ¿no son, acaso, ritos que por la violencia celebran ese derecho? El violador no busca, ni encuentra, placer: necesita someter. La violación graba a fuego una marca de propiedad en el anca de la víctima, y es la expresión más brutal del carácter fálico del poder, desde siempre expresado por la flecha, la espada, el fusil, el cañón, el misil y otras erecciones.


 Confirmaciones del derecho de propiedad: el macho propietario comprueba a golpes su derecho de propiedad sobre la hembra, como el macho y la hembra comprueban a golpes su derecho de propiedad sobre los hijos.





1515 

Amberes 
Utopía 

Las aventuras del Nuevo Mundo hacen hervir las tabernas de este puerto 

flamenco. Una noche de verano, frente a los muelles, Tomás Moro conoce o inventa 59
a Rafael Hithloday, marinero de las naves de Américo Vespucio, que dice que ha 
descubierto la isla de Utopía en alguna costa de América. 
Cuenta el navegante que en Utopía no existe el dinero ni la propiedad privada. 
Allí se fomenta el desprecio por el oro y el consumo superfluo y nadie viste con 
ostentación. Cada cual entrega a los almacenes públicos el fruto de su trabajo y 
libremente recoge lo que necesita. Se planifica la economía. No hay acaparamiento, 
que es hijo del temor, ni se conoce el hambre. El pueblo elige al príncipe y el 
pueblo puede deponerlo; también elige a los sacerdotes. Los habitantes de Utopía 
abominan de la guerra y sus honores, aunque defienden ferozmente sus fronteras. 
Profesan una religión que no ofende a la razón y que rechaza las mortificaciones 
inútiles y las conversiones forzosas. Las leyes permiten el divorcio pero castigan 
severamente las traiciones conyugales, y obligan a trabajar seis horas por día. Se 
comparte el trabajo y el descanso; se comparte la mesa. La comunidad se hace 
cargo de los niños mientras sus padres están ocupados. Los enfermos reciben trato 
de privilegio; la eutanasia evita las largas agonías dolorosas. Los jardines y las 
huertas ocupan el mayor espacio y en todas partes suena la música.


1537 
Roma 
El papa dice que son como nosotros

El papa Paulo III estampa su nombre en el sello de plomo, que luce las efigies 
de san Pedro y san Pablo, y lo ata al pergamino. Una nueva bula sale del Vaticano. 
Se llama Sublimis Deus y descubre que los indios son seres humanos, dotados de 
alma y razón.








Fábricas
Corría el año 1964. Y el dragón del comunismo internacional abría sus siete fauces para comerse a Chile.
La publicidad, sobre todo la publicidad en la televisión, bombardeaba a los chilenos mostrando imágenes de iglesias quemadas, de tanques rusos, de guerrilleros barbudos que secuestraban a los niños y se los llevaban lejos.
Y hubo elecciones. Y el miedo venció.
Y Salvador Allende, el candidato derrotado me contó qué era lo que más le había dolido de esa experiencia dolorosa.
La empleada de la casa de al lado, la casa de al lado de su casa, en el barrio de Providencia, era una pobre mujer que trabajaba veinte horas por día ocupándose de los niños, lavando y planchando la ropa, fregando, haciendo la comida... del día a la noche trabajando sin parar, esa pobre mujer que había envuelto su ropa en una bolsa de plástico y la había enterrado en el jardín, porque tenía miedo de que si ganaban los Rojos le expropiaran su propiedad.

Fundación de los abrazos.
Muchísimo antes de que el Irak fuera tierra arrasada por la cruzada civilizatoria del presidente Bush, allí en Irak, había nacido la escritura. Y allí había sido escrito el primer poema de amor de la historia humana. El poema escrito en lengua sumeria, escrito en el barro, narraba el encuentro entre un pastor y una diosa. La diosa Inanna, amó esa noche como si fuera mortal, y Dumuvi, el pastor, fue inmortal mientras duró esa noche.

Curso básico de racismo y machismo 
Por algo fueron mujeres las víctimas de las cacerías de brujas, y no sólo en los tiempos de la Inquisición. Endemoniadas: espasmos y aullidos, quizá orgasmos, y para colmo de escándalo, orgasmos múltiples. Sólo la posesión de Satán podía explicar tanto fuego prohibido, que por el fuego era castigado. Mandaba Dios que fueran quemadas vivas las pecadoras que ardían. La envidia y el pánico ante el placer femenino no tenían nada de nuevo. Uno de los mitos más antiguos y universales, común a muchas culturas de muchos tiempos y de diversos lugares, es el mito de la vulva dentada, el sexo de la hembra como boca llena de dientes, insaciable boca de piraña que se alimenta de carne de machos. Y en este mundo de hoy, en este fin de siglo, hay ciento veinte millones de mujeres mutiladas del clítoris.


“Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.

Las invisibles 
Mandaba la tradición que los ombligos de las recién nacidas fueran 
enterrados bajo la ceniza de la cocina, para que temprano aprendieran cuál es el 
lugar de la mujer, y que de allí no se sale. 
Cuando estalló la revolución mexicana, muchas salieron, pero llevando la 
cocina a cuestas. Por las buenas o por las malas, por secuestro o por ganas, 
siguieron a los hombres de batalla en batalla. Llevaban el bebé prendido a la 
teta y a la espalda las ollas y las cazuelas. Y las municiones: ellas se ocupaban 
de que no faltaran tortillas en las bocas ni balas en los fusiles. Y cuando el 
hombre caía, empuñaban el arma. 
En los trenes, los hombres y los caballos ocupaban los vagones. Ellas 
viajaban en los techos, rogando a Dios que no lloviera. 
Sin ellas, soldaderas, cucarachas, adelitas, vivanderas, galletas, juanas, 
pelonas, guachas, esa revolución no hubiera existido. 
A ninguna se le pagó pensión. 



Coartadas 
Se dijo, se dice: las revoluciones sociales, atacadas por los poderosos de 
adentro y los imperialistas de afuera, no pueden darse el lujo de la libertad. 
Sin embargo, fue en los primeros tiempos de la revolución rusa, en pleno 
acoso enemigo, años de guerra civil y de invasión extranjera, cuando más 
libremente floreció su energía creadora. 
Después, en tiempos mejores, cuando ya los comunistas controlaban el 
país, la dictadura burocrática impuso su verdad única y condenó la diversidad 
como herejía imperdonable. 
Marc Chagall y Wassily Kandinsky, pintores, se marcharon y nunca más 
volvieron. 
Vladimir Maiakovsky, poeta, se disparó un balazo al corazón. 
Sergei Esenin, también poeta, se ahorcó. 
Isaac Babel, narrador, fue fusilado. 
Vsevolod Meyerhold, que había hecho la revolución en sus desnudos 
escenarios del teatro, también fue fusilado. 
Y fusilados fueron Nikolai Bujarin, Grigori Zinoviev y Lev Kamenev, jefes 
revolucionarios de la primera hora, mientras León Trotski, fundador del 
Ejército Rojo, caía asesinado en el exilio. Eduardo Galeano Espejos. Una historia casi universal
De los revolucionarios de la primera hora, nadie quedó. Fueron todos 
purgados: enterrados, encerrados o desterrados. Y fueron borrados de las fotos 
heroicas y suprimidos de los libros históricos. 
La revolución elevó al trono al más mediocre de sus jefes. 
Stalin sacrificó a los que le hacían sombra, a los que decían no, a los que no 
decían sí, a los peligrosos de hoy y a los peligrosos de mañana, por lo que 
hiciste o por lo que harás, por castigo o por las dudas.

Fotos: Los enemigos del pueblo 
Moscú, plaza del Teatro Bolshoi, mayo de 1920. 
Lenin arenga a los soldados soviéticos, que parten a luchar contra el ejército 
polaco en el frente de Ucrania. 
Al costado de Lenin, en el podio alzado sobre la multitud, se ve a León 
Trotski, el otro orador de esta jornada, y a Lev Kamenev. 
La foto, de G. R Goldshtein, se convierte en un símbolo universal de la 
revolución comunista. 
Pero en pocos años más, Trotski y Kamenev desaparecen de la foto y de la 
vida. 
De la foto los borran los retocadores, que los sustituyen por cinco escalones 
de madera, y de la vida los borran los verdugos. 

La Inquisición en tiempos de Stalin 
Isaac Babel era un escritor prohibido. Él explicaba: 
—Es que he inventado un género nuevo: el silencio. 
En 1939, fue preso. 
Al año siguiente, fue juzgado. 
El juicio duró veinte minutos. 
Confesó que había escrito libros en los que su visión pequeño-burguesa 
distorsionaba la realidad revolucionaria. 
Confesó que había cometido crímenes contra el Estado soviético. 
Confesó que había hablado con espías extranjeros. 
Confesó que en sus viajes al exterior había tenido contactos con trotskistas. Eduardo Galeano Espejos. Una historia casi universal
Confesó que estaba enterado de un complot para asesinar al camarada 
Stalin, y no lo había denunciado. 
Confesó que se había sentido atraído por los enemigos de la patria. 
Confesó que era falso todo lo que había confesado. 
Lo fusilaron en la noche de ese día. 
Su mujer se enteró quince años después. 

Prohibido ser obrero 
Carlitos levanta un trapo rojo caído en la calle. Se pregunta qué será eso, y 
de quién será, cuando súbitamente se encuentra encabezando, sin saber cómo, 
sin saber por qué, una manifestación obrera que choca con la policía. 
«Tiempos modernos» es la última película de este personaje. Y Chaplin, el 
papá, no sólo está diciendo adiós a su querible criatura. También se despide, 
para siempre, del cine mudo. 
La película no merece ni una sola nominación al Oscar. A Hollywood no le 
gusta nada la desagradable actualidad del tema. Ésta es la epopeya de un 
hombrecito atrapado por los engranajes de la era industrial, en los años 
siguientes a la crisis del 29. 
Una tragedia que hace reír, implacable y entrañable retrato de los tiempos 
que corren: las máquinas comen gente y roban empleos, la mano humana no se 
distingue de las demás herramientas, y los obreros, que imitan a las máquinas, 
no se enferman: se oxidan. 
A principios del siglo diecinueve, ya había comprobado lord Byron: 
—Ahora es más fácil fabricar personas que fabricar máquinas. 

Prohibido ser anormal 
Los anormales físicos, mentales o morales, asesinos, depravados, deformes, 
imbéciles, locos, masturbadores, borrachos, vagos, mendigos y prostitutas 
estaban al acecho, listos para plantar su mala semilla en la virtuosa tierra de los 
Estados Unidos. 
En 1907, el estado de Indiana fue el primer lugar del mundo donde la ley 
autorizó la esterilización compulsiva. 
En 1942, ya habían sido obligados a esterilizarse cuarenta mil pacientes de 
hospitales públicos en veintisiete estados. Todos pobres o muy pobres; muchos 
negros y también unos cuantos portorriqueños y no pocos indios. 
Suplicaban auxilio las cartas que desbordaban los buzones de la Human 
Betterment Foundation, organización consagrada a la salvación de la especie. 
Una estudiante contaba que iba a casarse con un joven de apariencia normal, 
pero cuyas orejas eran demasiado pequeñas y parecían puestas al revés: 
 —El médico me advirtió que podemos tener hijos degenerados. 
Una pareja de altos altísimos pedía ayuda: Eduardo Galeano Espejos. Una historia casi universal
—No queremos traer al mundo niños anormalmente altos. 
En una carta de junio de 1941, una estudiante delató a una compañera de 
clase que era débil mental y la denunció porque se corría peligro de que pariera 
bobitos. 
Harry Laughlin, el ideólogo de la fundación, recibió en 1936 el doctorado 
honoris causa de la Universidad de Heidelberg por su contribución a la causa 
del Reich en la higiene racial. 
Laughlin tenía una obsesión contra los epilépticos. Sostenía que eran 
equivalentes a los débiles mentales pero más peligrosos, y que no había ningún 
lugar para ellos en una sociedad normal. La ley de Hitler para la Prevención de la
Progenie Defectuosa obligaba a la esterilización de los débiles mentales, los 
esquizofrénicos, los maníaco-depresivos, los deformes físicos, los sordos, los 
ciegos... y los epilépticos. 
Laughlin era epiléptico. No se sabía. 

Prohibido ser judío 
En 1935, la Ley para la Protección de la Sangre y el Honor de Alemania y 
otras leyes simultáneas fundaron la base biológica de la identidad nacional. 
Quienes tuvieran sangre judía, aunque fueran gotitas nomás, no podían ser 
ciudadanos alemanes ni podían casarse con ciudadanos alemanes. 
Según las autoridades, los judíos no eran judíos por su religión, ni por su 
idioma, sino por su raza. Definirlos no resultaba nada fácil. Los expertos nazis 
encontraron inspiración en la frondosa historia del racismo universal y contaron 
con la invalorable ayuda de la empresa IBM. 
Los ingenieros de la IBM diseñaron los formularios y las tarjetas perforadas 
que definían las características físicas y la historia genética de cada persona. Y 
pusieron en marcha un sistema automatizado, de alta velocidad y enorme 
alcance, que permitió identificar a los judíos totales, a los semijudíos y a los que 
tenían más de una decimosexta parte de sangre judía circulando por sus venas. 

Higiene social, pureza racial
Unos doscientos cincuenta mil alemanes fueron esterilizados entre 1935 y 
1939. 
Después, vino el exterminio. 
Los deformes, los retardados mentales y los locos estrenaron las cámaras de 
gas en los campos de Hitler. 
Setenta mil enfermos psiquiátricos fueron asesinados entre 1940 y 1941. 
Acto seguido, la solución final se aplicó contra los judíos, los rojos, los 
gitanos, los homosexuales... 

Mengele 
Por razones de higiene, a la entrada de las cámaras de gas había rejillas de 
hierro. Ahí los funcionarios limpiaban el barro de sus botas. 
Los condenados, en cambio, entraban descalzos. Entraban por la puerta y 
salían por las chimeneas, después de ser despojados de los dientes de oro, la 
grasa, el pelo y todo lo que pudiera tener valor. 
Allí, en Auschwitz, el doctor Josef Mengele hacía sus experimentos. 
Como otros sabios nazis, él soñaba con criaderos capaces de generar la 
súper raza del futuro. Para estudiar y evitar las taras hereditarias, trabajaba con 
moscas de cuatro alas, ratones sin patas, enanos y judíos. Pero nada excitaba 
tanto su pasión científica como los niños gemelos. 
Mengele repartía chocolatines y afectuosas palmadas entre sus cobayos 
infantiles, aunque en la mayoría de los casos no resultaron útiles al progreso de 
la Ciencia. 
Intentó convertir a algunos gemelos en hermanos siameses, y les abrió las 
espaldas para conectarles las venas: murieron despegados y aullando de dolor. 
A otros trató de cambiarles el sexo: murieron mutilados. 
A otros les operó las cuerdas vocales, para cambiarles la voz: murieron 
mudos. 
Para embellecer la especie, inyectó tintura azul en gemelos de ojos oscuros: 
murieron ciegos. 











5 comentarios:

  1. solo quiero felicitar al autor de este trabajo, me ha gustado el contenido, de hecho la obra de Galeano me interesa mucho, por ejemplo "las invisibles" "alexandra" el libro de los abrazos...gracias. un abrazo

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    1. Gracias!! Estuve un buen rato recopilando los cuentos que a mi gusto son los mejores. un abrazo!

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  2. No se ven las letras,solo renglones.Copie y pegue en word, cambie el color a negro y por fin pude leerlos.
    Hermoso lo que escribe Galeano.

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  3. Cuánto me alegra que cuiden difundir la palabra de Eduardo Galeano.

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  4. Cuánto me alegra que cuiden difundir la palabra de Eduardo Galeano.

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