viernes, 1 de marzo de 2013

8 de Marzo: Mujeres laboriosas, mujeres peligrosas. Entrevista a María Moreno, obrera textil de Terrassa, España.


8 de Marzo: Mujeres laboriosas, mujeres peligrosas

Voces y relatos de lucha de las obreras (60’s y 70’s) Entrevista a María Moreno, obrera textil de Terrassa

Por Cynthia Lub



Este 8 de marzo queremos dedicarlo a las mujeres trabajadoras que durante las décadas del ‘60 y ‘70 en el Estado español protagonizaron una lucha incesante contra la explotación laboral, cuando ser mujer, obrera, inmigrante, significaba luchar en una situación “diferenciada” dentro de un potente movimiento obrero en auge. Estas peligrosas mujeres, mientras luchaban contra la dictadura patronal, cuestionaban a un Régimen dictatorial en sus aristas más misóginas, en un contexto de transformaciones económicas bajo un proceso de industrialización en el que el trabajo femenino se estaba reconfigurando. Y entre 1950 y 1975 el número de las mujeres asalariadas aumentaba, al mismo tiempo que otras no lo abandonaban cuando tenían hijos. Es así que la conflictividad laboral femenina chocaba con todo un aparato legislativo, educativo e institucional el cual, junto al gran peso de la Iglesia, impuso un orden patriarcal que brindaba a las mujeres un destino absolutamente determinado por lo biológico, bajo los valores “cristianos y españoles” cuyo rol obligado era someterse a la tutela de los hombres junto a la restauración de la familia como cuna del Nuevo Estado franquista.
Estas peligrosas obreras textiles tejieron los hilos de una potente historia. Una historia de una gran actualidad para este siglo XXI sumergido en una gran crisis, de enorme retroceso social y de los derechos de la mayoría de las mujeres. Y en el que no suena extraño luchar por “igual trabajo, igual salario”, contra la discriminación laboral, contra la doble y a veces triple explotación y opresión, es decir contra ese sistema patriarcal tan íntimo amigo del sistema capitalista. Estas experiencias las queremos reflejar a través de la historia de María Moreno, quien había llegado a Terrassa (Catalunya) en 1967 con 17 años del sur de España, de Córdoba, para trabajar como obrera textil. Estuvo más de 35 años en la fábrica Hilaturas Castell trabajando, luchando incansablemente, organizándose con sus compañeras, quienes hasta lograron ocupar la fábrica para recuperar los puestos de trabajo, y la pusieron a producir bajo el control de las obreras.
***
Cuando del hogar a la fábrica las mujeres se vuelven peligrosas
María era parte de esas miles de mujeres, que como su madre, también obrera textil, venían de los pueblos del sur de España: eran los tiempos de gran afluencia de corrientes migratorias de las regiones más agrarias hacia los centros industriales de Madrid, Catalunya, País Vasco o Asturias: Llegué aquí, y entré a trabajar en el textil, en la fábrica Hilaturas Castell, trabajé 35-36 años hasta que cerraron. Mi madre trabajaba en el textil también, en la fábrica Torra de Neira. Yo recién venía, y entraba a las 4 y 20 de la mañana a trabajar todos los días menos los domingos, era horroroso, yo venía de un pueblito, a mí me cambió la vida totalmente. Yo me acuerdo que dentro de la fábrica, con el ruido tan grande que había sólo pensaba en cantar las canciones de mi pueblo para que no se me olvidaran, fue un choque muy fuerte. La pasamos muy mal los inmigrantes a donde quieras que vayamos...
Pero pronto María recuperará fuerzas en los convulsivos años de la “Terrassa roja”, donde abundaban las fábricas textiles, en un momento en el que la incorporación de la mujer al trabajo asalariado significó un cambio de gran trascendencia en el rol social de la mujer. En Catalunya, la industria textil había sido la avanzada de la economía. Ésta se basaba en una mano de obra intensiva femenina: en 1968 en todo el Estado las mujeres ocupaban el 75% de la mano de obra de la industria textil, con un gran peso en Catalunya”(1) (…)
Cuando María llega, muy pronto su sentimiento de nostalgia es reemplazado por el de rebeldía, cuando conoció a las “folloneras”: En la fábrica había un grupo de chicas más mayores que yo, y cuando entré me las presentaron otras compañeras como “las folloneras, y me dijeron que no me juntara con ellas porque siempre creaban problemas y entonces yo dije: ahí ni me arrimo. Igual después me fui uniendo a las “folloneras” porque aunque yo no tenía noción de nada, las veía más compañeras. Porque si estábamos haciendo conos, y yo tenía que hacer 50 kg de hilo y al final del día me hacía 49 kg me quitaban dinero. Las “malas”, las “folloneras”, cuando se dieron cuenta que yo no llegaba y que podía reducir mi salario, me ayudaban, me echaban conos que hacían ellas a mi caja. Yo ahí empecé a ver que las malas no eran tan malas... Y claro, empezaron a luchar por la igualdad entre todas las trabajadoras. Yo me fui dando cuenta de todas esas cosas y cada día me fui uniendo más a ellas...
María, era parte de esa nueva generación de mujeres que, como un motor imparable, mientras se enfrentaban a la patronal por sus derechos laborales, se estaban enfrentando sin saberlo al modelo de mujer franquista que se había impuesto durante ya más de tres décadas, la mujer sumisa, decente, “ángel del hogar”, y como ella misma dice “católica, apostólica y romana”: Claro yo venía de un pueblecito, con una vida tranquila y cuando llego aquí a Terrassa, a mi padre ya le dijeron: “María sola en Barcelona, átala fuerte eh?” porque en Barcelona las cosas no eran tan tranquilas, mi padre me ató tan fuerte que un poco más y me asfixia! (…) Y entonces el gerente de la empresa cada día iba a misa y luego entraba a la fábrica, y yo al principio pensaba qué bueno este señor... Pero luego poco a poco me fui dando cuenta que no... Teníamos unas máquinas con 300 púas enormes, ruidosas. Entonces, en la fábrica del textil, el gerente, el mayordomo, el jefe de personal, por unos cristales nos vigilaban todo. Y hubo un momento que yo me apoyé un segundo en la pared porque sentía mucho dolor, porque tenía la regla. Y en ese segundo bajaba por la escalera el señor que todos los días iba a misa. Y viene el encargado y me dice: ¿Qué te pasa María, te encuentras mal? Y claro, yo le dije que no me encontraba mal. (…) Y el encargado me contestó: Bueno, sólo te digo una cosa, si te encuentras mal, te vas a tu casa, porque sólo el respiro le cuesta dinero al dueño, eh? Entonces yo, durante tres días lloré, lloré y lloré, hasta que me desahogué. Y así fui haciendo conciencia poquito a poco, de que si el respirar yo le costaba dinero al dueño, pues yo quería seguir respirando, le costara dinero o no, quería seguir respirando con más libertad de la que hasta ahora venía respirando. Y ahí empecé la lucha, y me sentí mucho mejor. Y claro, dejé de ser la católica apostólica y romana, de antes (…)
Hombres, eran los encargados, los pesadores y... los jefes de personal. En máquina, éramos todas mujeres...
Comenzaba a nacer una militancia obrera femenina vinculada directamente a las condiciones de trabajo. Conscientes o no, su propia experiencia las llevaban a cuestionar los valores conservadores de la institución familiar y su reproducción en la vida pública y laboral. Chocaban contra un imaginario colectivo de creencias negativas- basadas en la diferencia sexual de naturaleza universal e inevitable-, sobre las mujeres, que anulaban así sus potencialidades para alcanzar la igualdad. Y de esta manera se justificaba la gran discriminación laboral y salarial: en 1963, el salario/hora medio de las mujeres en la industria alcanzaba un 80% de los salarios masculinos, pero en 1971 había empeorado al 75%” (2). La lucha por “igual trabajo, igual salario” estaba a la orden del día. María como muchas mujeres empezaban a “descubrir” que la lucha de las mujeres obreras no era la misma que la de sus compañeros hombres: En aquel tiempo, sinceramente yo el feminismo no lo percibía. No, entre otras cosas porque como éramos todas mujeres y yo en aquel momento no era consciente de la desigualdad de la mujer. Pero sin saberlo, yo ya era feminista, yo ya estaba trabajando para reivindicaciones de las mujeres, no? Esto me di cuenta más tarde, cuando vi que los hombres les pagaban más que nosotras, ellos tenían más tiempo, eran mirados de otra manera, no los controlaba nadie. Y a nosotras las mujeres sí! Si íbamos al lavabo y si tardábamos ya nos controlaban. Hombres eran los encargados, los pesadores y luego eran los jefes de personal. En máquina, éramos todas mujeres... Nosotras una vez montamos una porque queríamos ser pesadoras, ¿por qué no podíamos? (…) ¿Por qué nos ponen en sitios según ellos más inferiores? Pero luego te das cuenta: si no hay gente que hacía hilos, no podía haber pesadores. Pero esto lo fuimos descubriendo poco a poco, y así empezamos a luchar por la igualdad de los sueldos, y luego lo conseguimos después de años de lucha. (…)
La ocupación de la fábrica: “Las máquinas ahora mismo son nuestras... y vimos que se podían mantener los puestos de trabajo...”
María nos cuenta cuándo y por qué decidieron ocupar la fábrica y ponerla a producir: Había rumores de que la fábrica estaba en crisis... Entonces pedimos que vengan los economistas de comisiones, hicieron un estudio y vieron que había un fraude grande. Y empezamos a denunciar la situación, hasta que cuando volvimos de vacaciones, y el 12 de octubre se cerró. (…) Vino Comisiones, hicimos asamblea y decidimos que como había mucha faena, las máquinas estaban llenas de faena!, pues dijimos que íbamos a seguir. Un día se presentan a desalojar la fábrica, con la policía y la jueza. Nosotros lo sabíamos, y estábamos todas las mujeres en la puerta, y los hombres detrás. Y les dijimos: de aquí no nos vamos, si queréis echarnos nos tendréis que echar, pero con la fuerza y matándonos. Porque si no les vamos a poder dar de comer a nuestros hijos nos matáis, y ya está. Y la jueza no puso resistencia ninguna, nos miró, miró a la policía, y se fueron. Desde aquel día ya dijimos, después de una asamblea de todas las trabajadoras y el comité: aquí hay faena, y nos quedaremos a trabajar. (…) las máquinas ahora mismo son nuestras, aquí no va a venir nadie a llevárselas. Así que nosotras podíamos vender los géneros y vimos que se podía mantener los puestos de trabajo. Estuvimos siete meses encerradas, hicimos tres turnos: mañana, tarde y noche...
¿Y si hoy ocupáramos las fábricas que cierran?
(…) María ya conocía muy bien la experiencia de la fábrica Zanon de Argentina, ocupada y puesta a producir bajo control de los trabajadores. (…) Reflexionábamos con María, sobre si la ocupación de fábricas, puestas bajo control de los trabajadores, puede ser una salida a la crisis, ante los cientos de cierres de empresas y miles de despidos: Sí, claro! Yo les diría que no se resistan a la primera de cambio cuando les digan “ya está cerrada la fábrica”, no. Hay que luchar, hay que resistir, y hacer todo lo humanamente posible para trabajar, y para que tu trabajo tenga un sentido demostrando que podemos trabajar sin los empresarios. Todo lo que hemos hecho conseguido luchando, no puede desaparecer porque a un empresario le dé la gana. No rendirse, luchar y luchar. Ahora mismo vamos de camino a la mani contra los desahucios, tenemos que demostrar siempre que “sí se puede”. Porque todo lo que hemos ganado ha sido con la lucha de los trabajadores. Si ocupáramos las fábricas cuando los empresarios quieren cerrarlas, además de impresionante, los empresarios se acojonarían! Porque si ellos vieran que los trabajadores pueden hacerse con la fábrica se lo pensarían un poquito. Sería impresionante en un momento en el que están cerrando empresas de manera acojonante..., y además, de empresas con beneficios! Como nos contaban en la charla de ayer los de Seat. Ayer luchábamos con miedo, pero contra la dictadura de Franco, hoy se cree en la “democracia” pero lo que hay es una dictadura patronal....
Notas
1- Nash, Mary, Trabajadoras: un siglo de trabajo femenino en Catalunya (1900-2000), Barcelona, Generalitat de Catalunya, 2010, p. 145.
2- Nash, Mary, Op. Cit., p. 144

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