martes, 25 de diciembre de 2012

Carta a una reunión de trabajadoras en Moscú ( León Trotsky- Pravda el 28 de noviembre de 1923)

Carta a una reunión de trabajadoras en Moscú ( León Trotsky- Pravda el 28 de noviembre de 1923)


Siento mucho que un largo resfriado me haya impedido participar en la reunión que celebraba el quinto aniversario de la extensa labor del partido entre las mujeres. Permítanme enviar mis saludos a las participantes de la reunión y a través de ellas a todas las obreras y campesinas a las que ha despertado la labor del partido y asimismo a aquellas a las que despertará mañana. 


El problema de la emancipación femenina está íntimamente ligado, material y espiritualmente, al de la transformación de la vida familiar. Es necesario quitar los barrotes de la prisión con que la sociedad actual encierra y sofoca a las mujeres transformándolas si no en esclavas, al menos en bestias de carga. Esto solo se puede lograr a través de la organización de métodos comunales para la educación y cuidado de los niños. 

El camino a esta meta no es corto: se necesitan recursos económicos, mucha voluntad, conocimiento y esfuerzo.

Hay dos sendas que llevan a la transformación de la vida cotidiana: la de arriba y la de abajo. “La de abajo” comprende el esfuerzo de las familias individuales: formación en común de unidades familiares, cocinas, lavanderías, etc. “La de arriba” es la iniciativa del Estado y de los soviets locales para la construcción de viviendas, restaurantes, lavanderías, enfermerías, etc. Entre estas dos sendas, en un Estado de obreros y campesinos, no puede haber contradicciones, pues una debe ser complemento de la otra. Los esfuerzos oficiales se anularían sin la lucha independiente de las familias por un nuevo tipo de vida; y no tendría mucho éxito la iniciativa más entusiasta de las familias individuales de los trabajadores sin la ayuda y guía de los soviets locales y autoridades estatales. La labor de arriba y la de abajo deben ser simultáneas. 
Un obstáculo en este campo, como en otros, lo constituye la falta de recursos materiales. Pero esto solo significa que el éxito no será tan inmediato como nos gustaría. Sería, sin embargo, inadmisible que bajo la excusa de falta de medios económicos, dejáramos a un lado el asunto de la formación de un nuevo sistema de vida. 
Desgraciadamente la inercia y los hábitos ciegos constituyen una fuerza importante. En ninguna parte el hábito ciego y mudo se inserta de tal forma como en el oscuro y aislado interior de la vida familiar. ¿Y quién es el llamado a luchar primera contra esta inhumana situación familiar si no es la mujer? Con esto no quiero decir que los trabajadores conscientes estén libres de la responsabilidad de luchar por una transformación de la estructura económica de la vida familiar, sobre todo en lo que concierne a la alimentación, cuidado y educación de los niños. Pero quienes luchan con más energía y persistencia por lo nuevo son los que más han sufrido con lo viejo. Y en la presente situación familiar la que sufre más es la mujer, esposa y madre. 
Esta es la razón por la que la mujer proletaria comunista, y siguiendo sus pasos toda mujer consciente, debe dedicar la mayor parte de su atención y esfuerzo a la labor de transformar la vida cotidiana. A pesar de que nuestro atraso económico y cultural nos crea muchas dificultades y solo nos permite actuar con lentitud en este campo, es necesario presionar con la opinión pública de todas las mujeres, para que todo lo que se pueda hacer dados nuestros actuales se lleve a cabo. 
Solo en esta forma podremos abrir la puerta del socialismo a las obreras menos progresistas y conscientes, así como a las campesinas. 

Les deseo mucho éxito en su trabajo.
Con saludos comunistas.
León Trotsky.



Pero quienes luchan con más energía y persistencia por lo nuevo son los que más han sufrido con lo viejo. Y en la presente situación familiar la que sufre más es la mujer, esposa y madre.








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