domingo, 20 de mayo de 2012

Optimismo revolucionario

Las cátedras libres Karl Marx tienen aristas, a veces insospechadas.

 Yo siempre me voy un poco por la tangente, pero las cátedras me han dado elementos para discutir sobre moral revolucionaria con algunos compañeros y compañeras que atraviesan situaciones personales difíciles (hablo de depresión, abusos, golpes, enfermedades graves, homofobia, etc).

Me gustó mucho lo que dijo Raúl, y también CÓMO lo dijo. Cuando habló de OPTIMISMO REVOLUCIONARIO, ese optimismo que se puede ver también en su forma de hablar.

La lección que me llevo de la cátedra es la del optimismo revolucionario. La situación mundial, que no es la misma que en el 2001, ni en la década del 70, o a principios del siglo XX, tiene sus particularidades. Evidentemente hay crisis, que puede desembocar en que la gente se vaya a la izquierda o a la derecha, pero ahí está en nosotros plantearnos cómo actuar frente a la crisis, con qué actitud y en aras de qué objetivo.

 Trotsky fue un optimista toda su vida, a pesar de que habían matado a muchos de sus camaradas, a sus hijos, y además lo perseguían a él. No aflojó, porque creía que la revolución permanente era el camino para acabar con la explotación y la opresión. Tenía una estrategia y un objetivo claro. De la misma manera, esa actitud frente a la vida también estaba en la clase obrera militante de los 70, acá en Argentina. Hoy me levanté y me quedé mirando el afiche de Memorias para Reincidentes, que tengo al lado de mi cama, y de repente noté que en todas las fotos los obreros salen sonriendo, ahí también nuestro compañero Montes, con una gran sonrisa y el puño izquierdo en alto. En plena lucha, con la triple A encima, con la burocracia asesina, con los militares, pero los tipos y las tipas sonriendo. Era tanto su optimismo revolucionario que hubo que diseñar todo un plan nefasto para exterminar a toda esa generación combativa. También tenemos el ejemplo de los obreros de Zanon, que luchan contra todo un sistema de explotación, y que hasta han arriesgado sus vidas, y como dice Raúl, si hay que dejar el cuero en algo, que sea por algo grande.

Y acá estamos nosotros,  que nuestra moral tambalea, que a veces nos dejamos afectar por cosas tan triviales en comparación con algunos compañeros y compañeras que la han tenido que remar cuesta arriba toda su vida. El optimismo revolucionario es la actitud que hay que tomar en cada lucha de la vida, ya sea lucha política, sindical, social, o por la salud, etc, pero porque sabemos que no es luchar por luchar, sino que tenemos un objetivo grande detrás: el socialismo, la total liberación de la humanidad, a través de una estrategia clara: la revolución permanente. Como Trotsky dijo:

"Si nuestra generación se ha revelado débil para imponer el socialismo en la tierra, dejemos al menos a nuestros hijos una bandera limpia. La lucha que se desarrolla sobrepasa de muy lejos en importancia a las personas, a las fracciones a los partidos. Es una lucha por el porvenir de la raza humana. Será una lucha dura. Y larga. Los que buscan la tranquilidad y el confort que se aparten de nosotros. En las épocas de reacción, ciertamente, es más cómodo vivir con la burocracia que investigar la verdad. Pero aquellos a los que el socialismo no les resulta una palabra vana sino el objetivo de su vida moral, ¡adelante! Ni las amenazas, ni las persecuciones, ni la violencia nos detendrán. Será tal vez sobre nuestros huesos, pero, la verdad se impondrá. Le abriremos el camino. La verdad vencerá. Bajo los golpes implacables del destino, me sentiré dichoso, como en los grandes días de mi juventud, si he logrado contribuir al triunfo de la verdad. Pues la más grande felicidad del hombre no está en la usufructo del presente, sino en la preparación del porvenir.” León Trotsky, Quatrieme Internationale.

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El derecho al optimismo revolucionario

Demostraba claramente en mi artículo "La URSS en guerra" que la perspectiva de un sistema de explotación ni obrero ni burgués, es decir, "colectivismo burocrático", es la perspectiva de la total derrota y decadencia del proletariado internacional, la perspectiva del más profundo pesimismo histórico. ¿Existen razones auténticas para adoptar esta perspectiva? No está de más inquirir sobre el asunto entre nuestros enemigos de clase.
En el número semanal del bien conocido periódico France Soir, de 31 de agosto de 1939, hay un reportaje muy instructivo sobre una entrevista entre Hitler y el embajador francés, Coulondre, celebrada el 25 de agosto. (La fuente de informaci6n debe ser el propio Coulondre.) Hitler se jacta del pacto que ha firmado con Stalin ("un pacto realista") y "lamenta" la sangre francesa y alemana que se desperdiciará.
"Pero -objeta Coulondre- Stalin se expone por los dos lados. El verdadero ganador (en caso de guerra) va a ser Trotsky, ¿no cree usted"?
"Lo sé -responde el Fuhrer-, pero como Francia e Inglaterra dan a Polonia completa libertad de acción...", etc.
Estos caballeros han tenido a bien ponerle un nombre individual a los que esperan la revolución. Pero ésta no es la esencia de esta dramática conversación, justo en el momento en que se rompían las relaciones diplomáticas. "La guerra va a provocar inevitablemente la revolución", dice el representante de la democracia imperialista, temblando de pies a cabeza y tratando de atemorizar a su adversario. "Lo sé -responde Hitler-, lo sé", como si se tratara de una cuestión decidida hace ya mucho tiempo. ¡Sorprendente diálogo!
Los dos, Hitler y Coulondre, representan la barbarie que avanza sobre Europa. Ninguno de ellos duda que su barbarie será derrotada por la revolución socialista. Las clases dominantes de todos los países capitalistas del mundo son hoy conscientes de ello. Su total desmoralización es uno de los elementos más importantes de la correlación de fuerzas actual. El proletariado tiene una dirección joven y todavía ilusionada. Pero la dirección de la burguesía apenas se tiene en pie. Al principio de una guerra que no pueden impedir, estos caballeros están convencidos de antemano del colapso de su régimen. ¡Este hecho debe de ser para nosotros fuente de un invencible optimismo revolucionario!

18 de octubre de 1939. L.T.



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EL GRAN SUEÑO


Febrero de 1917. Estalla la revolución más violenta de todos los tiempos. En una semana la sociedad se deshace de todos sus dirigentes: el monarca y sus hombres de leyes, la policía y los sacerdotes; los propietarios y los funcionarios, los oficiales y los amos.
No hay ciudadano que no se sienta libre de decidir en cada momento su conducta y su porvenir.
Surge entonces, de los más profundo de Rusia, un inmenso grito de esperanza, en esa voz se mezcla la voz de todos los desesperados, los humillados, los desdichados.
En Moscú, los obreros obligan a sus dueños a aprender las bases del nuevo derecho obrero.
En Odesa, los estudiantes dictan a su profesor un nuevo programa de Historia de las civilizaciones; en el ejército los soldados dejan de obedecer a sus superiores.
Nadie había soñado jamás con una revolución así.
Ahora ese sueño circula por las venas de todas las almas desesperadas y desdichadas de este planeta.
La gran debilidad de muchos “revolucionarios” consiste en su absoluta incapacidad de entusiasmarse, de elevarse sobre el nivel rutinario de las trivialidades, de hacer surgir un vinculo vital entre el mismo y los que los rodean. El que no puede enardecerse, no puede enardecer su vida ni las de los demás. La fría malevolencia no es bastante para adueñarse del alma de las masas.
Muchos revolucionarios contemplaron la revolución con envidiosa alarma. Es que la vida personal de los revolucionarios siempre traba su percepción de los grandes acontecimientos en los que participa.
Pero la tragedia de las pasiones individuales exclusivas es demasiado insípida para nuestro tiempo. Porque vivimos en una época de pasiones sociales. La gran tragedia de nuestra época consiste en el choque de la personalidad individual con la comunidad.
Para alcanzar el nivel de heroísmo y abonar el terreno de los grandes sentimientos que dan vida, es menester que la conciencia se sienta ganada por grandes objetivos. Toda catástrofe individual o colectiva es siempre una piedra de toque, pues pone al desnudo las verdaderas relaciones personales y sociales.
Hoy día es necesario probar este mundo.
El poeta, por ejemplo, se sintió independiente del burgués y hasta se peleo con él. Pero cuando el asunto se trato de la revolución, resulto un parásito hasta la medula de los huesos. La psicología del individuo así mantenido y dedicado a ser sanguijuela humana, no tiene rastros de bondad de carácter, respeto o devoción.
Hoy día los señoritos estudian todavía en libros a costa del sacrificio de los explotados, se ejercitan en periódicos y crean “nuevas tendencias”. Pero cuando una revuelta se produce enserio, enseguida, descubren que el arte se encuentra en las cabañas, en los mas recónditos agujeros, donde anidan las chinches. Es necesario derribar a la burguesía porque es ella quien le cierra el camino a la cultura.
El nuevo arte no solo desnudara la vida, sino que le arrancará la piel.
Amar la vida con el afecto superficial del deleitante, no es mucho merito. Amar la vida con los ojos abiertos, con un sentido critico cabal, sin ilusiones, sin adornos, tal como se nos aparece con lo que ofrece, esa es la proeza.
La proeza también es realizar un apasionado esfuerzo por sacudir a aquellos que están embotados por la rutina, obligarles a abrir los ojos y hacerles ver lo que se aproxima.

León Trotsky

1 comentario:

  1. Gracias...no vas a creer cuanto estaba necesitando algo así. En serio.

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