martes, 7 de febrero de 2012

2º jornada del 2º juicio a Anzaldo


Hoy por la mañana estuve con mis compañeras de Pan y Rosas siguiendo la segunda jornada del juicio al violador serial Carlos Anzaldo, de la ciudad de Cinco Saltos, que cumple actualmente una condena de 10 años por un caso similar.
Este tipo engañaba, abusaba y violaba en su consultorio a sus pacientes, muchas de ellas también eran sus alumnas. Se aprovechaba de su prestigio como médico ginecólogo y como profesor. 
Exigimos justicia para todas las víctimas. Basta de violencia hacia la mujer. 
Basta de silencio. 
DENUNCIA!ROMPAMOS LAS CADENAS DE LA OPRESION!


Ahora comparto con ustedes 2 pequeños relatos que compartió conmigo una amiga de Facebook, sobre violencia de género:
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_Vos pensás que ustedes la pasaron mal - dijo la madre-pero yo hice todo lo que pude por ustedes.
Ellas sabían muy bien que ese era el preámbulo de una conversación que les iba a dejar un gusto amargo en la garganta, porque siempre había sido así, comparar las vidas de dos hermanas criadas por los mismos padres pero con miradas diferentes sobre su historia familiar.
_Con tres, casi cuatro años, vi a mamá tirada en el suelo desmayada de un puñetazo en la boca. 
La otra hermana sintió la sangre hervir en las venas, si su padre aún siguiera vivo le habría hecho pagar esa maldad.
_A mamá le sangraba la boca de tal forma que se había hecho un charco en el suelo, -continuó con la voz que vacilaba entre el llanto y la furia,entre la mujer de hoy y la niñita de ayer- entonces, ¡mirá vos lo que es ser chico! las cosas que se te ocurren, yo pensaba que si juntaba la sangre en un paño, cuando la llevaran al hospital, yo se lo daría al médico y así arreglaría el tajo en la boca y mamá estaría bien.
Del otro lado su hermana callaba, con la vista perdida en la nada. 
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Caminaban abrazados, ella vestida con lo mejor que encontró en su enquilombado ropero, él con lo último que había comprado en calle Corrientes. Ella un poco (sólo un poco) más alta que él, él tan seguro en su arrastre, que no le importaba. Pero bastó que ella mirara hacia atrás por encima de su hombro para que él dudara. 
Entonces con frío cálculo ofreció un beso. Ella respondió y recibió en pleno labio un mordisco dañino que le pintó la boca de rojo.
La furia la cegó. Golpeó a su enamorado en el hombro con lágrimas en los ojos, reclamando una razón para esta agresión gratuita: Estabas mirando un tipo fue la respuesta. 
Es increíble cómo un sólo gesto puede ser tan revelador, y tan cruelmente presagioso. Se puede ver en una acción quién es la persona que camina a tu lado.
¿Qué era lo que ella había mirado? Sólo una campera de cuero en la calle Corrientes...

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